Las temperaturas extremas representan una exigencia constante para la fisiología cardiovascular. Cuando el cuerpo se expone a un ambiente caluroso, activa mecanismos de termorregulación para liberar calor, principalmente a través de la vasodilatación cutánea y el aumento del sudor.
Exigencia hemodinámica y riesgo de deshidratación
Para enfriar la piel, el corazón debe bombear sangre a un ritmo acelerado, incrementando el gasto cardíaco y la frecuencia cardíaca. Si la persona no se hidrata adecuadamente, la pérdida de líquidos disminuye el volumen sanguíneo (hipovolemia), haciendo que la sangre se vuelva más viscosa. Esta combinación eleva el riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente en adultos mayores o personas con hipertensión previa.
Estrategias de protección y prevención
- Monitoreo de la presión arterial: En temporadas de calor extremo, es frecuente que las lecturas de presión varíen debido a la vasodilatación; consulte a su médico antes de ajustar medicamentos.
- Reposición electrolítica: Priorizar el consumo de agua acompañada de electrolitos esenciales (sodio, potasio y magnesio) durante actividades al aire libre.
- Pausas de enfriamiento: Evitar la permanencia prolongada en espacios cerrados sin ventilación adecuada o bajo el sol directo en las horas de mayor radiación.



