Los microplásticos —partículas sintéticas de menos de 5 milímetros— se han convertido en un contaminante ubicuo en los ecosistemas terrestres y acuáticos. Investigaciones recientes han comenzado a documentar la presencia de estas partículas en tejidos y fluidos humanos, planteando interrogantes sobre su impacto a largo plazo.
Vías de exposición y detección
Las principales rutas de ingreso de los microplásticos al organismo son la ingestión (a través de alimentos procesados, agua embotellada y mariscos) y la inhalación de polvo atmosférico. Utilizando técnicas avanzadas de espectrometría, científicos han hallado partículas de polietileno y polipropileno en sangre humana, pulmones y placentas.
Posibles efectos fisiológicos
Aunque la investigación en humanos se encuentra en etapas de desarrollo, estudios in vitro y en modelos animales sugieren que la acumulación de microplásticos puede inducir:
- Estrés celular e inflamación: Las partículas de menor tamaño (nanoplásticos) pueden atravesar barreras biológicas e interactuar con las células inmunitarias.
- Disrupción endocrina: Muchos plásticos contienen aditivos químicos (como ftalatos y bisfenoles) que pueden interferir con el sistema hormonal.
La comunidad científica coincide en la necesidad de reducir el uso de plásticos de un solo uso y mejorar los procesos de filtrado de agua potable como medidas preventivas prioritarias.



